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martes, 13 de marzo de 2018

Escapada a Asturias: un viaje en coche con las mejores vistas


Hola, marineros

Que levante la mano el que tenga vacaciones en Semana Santa. ¿Tenéis pensado hacer alguna escapada? Si es así, os traigo a Llegando a puerto, una propuesta clásica, una ruta en coche hasta Asturias. Seguro que sois muchos los que ya conocéis la comunidad vecina, yo en cambio hasta que realicé este viaje que hoy os cuento, nunca la había visitado. Y estoy deseando volver porque fue un viaje exprés junto a mi mejor amiga en el que nos quedaron muchos lugares por conocer. Los que sí visitamos os los cuento en este post sobre mi primera vez en Asturias ¿Os animáis a acompañarme?


Nuestro viaje partió de A Coruña directas hacia Gijón, en donde pasaríamos la primera noche. Ninguna de nosotras conocía Asturias, así que nos daba igual dónde pasar ese primer día, si en Gijón o en Oviedo. Y es que la segunda noche tenía un destino fijo: Avilés. Y diréis, ¿por qué? Pues porque somos unas fans de Estopa y, dado que hacía años que no pisaban Galicia, apostamos por ir a verlos actuar a las fiestas de San Agustín, en Avilés. Allí que nos fuimos como groupies quinceañeras. 

Llegamos a Gijón a la hora de comer, así que dejamos las maletas en el hotel (Doña María, un dos estrellas muy correcto a diez minutos en coche del centro) y nos fuimos a buscar un restaurante. Tras un par de vueltas por el centro, nos decantamos por La Botica Indiana, en plena plaza Mayor. Si buscáis un sitio barato y céntrico esta es una buena opción. Y si tenéis dudas de por dónde moveros, en los jardines del Náutico (frente a la playa) tenéis una oficina de información.

Una vez con el estómago lleno, pudimos pasear por la zona un poco más, ver la famosa playa de San Lorenzo con la iglesia de San Pedro al fondo que me recordó mucho a nuestros Orzán y Riazor y más aún cuando me di cuenta de que  con las mareas vivas, como sucede en A Coruña, desaparecía el arenal. 


El lado opuesto de la bahía, el del puerto deportivo quedó para más tarde. Tocaba ponerse guapas para cenar y conocer la noche gijonesa. Fotos de rigor en las letras rojas de Gijón y de nuevo, a la zona vieja para tapear y tomar unos culines de sidra, que al final es por lo que tiene fama esta ciudad. Hubo tiempo incluso para ver parte del partido del Dépor en un bar (sí, en Gijón, somos unas valientes).


Nos movimos por la plaza del Marqués, el ayuntamiento y la plaza del periodista Arturo Arias (también conocida como la plaza del Llavaderu), entre otras calles. En general, por todo el barrio de Cimavilla. Si no tienes muy claro por dónde moverte, lo más fácil es seguir a la gente. Por el puerto deportivo hay otro estilo de música y pubs. Lo bueno que tiene es que todo está muy cerca y es fácil moverte a pie.

Al día siguiente, lució un sol espectacular y antes de cambiar de ciudad queríamos aprovechar para ver la escultura de Chillida El elogio del horizonte. Así que allá que nos fuimos con el coche hasta el parque del cerro de Santa Catalina, en realidad pegado a donde estuvimos la noche anterior (tiene horario de apertura). El parque es un sitio genial para disfrutar de las vistas, del mar y hacerte una buena sesión de fotos. Se ve toda la bahía de Gijón y, en el lado opuesto, su puerto exterior, El Musel.



Nosotras hasta disfrutamos un poquito de la playa antes de arrancar hacia Avilés, un lugar que nos sorprendió. Todo el mundo nos dijo que no valía la pena, pero eso es porque no lo vieron en fiestas. Quedamos impresionadas con el ambientazo de la ciudad, que intuyo que multiplica su población en esas fechas. ¿Mi favorito? La calle de Galiana con sus soportales de casas antiguas bien conservadas, pero de la que no tengo foto porque pasamos de noche y salían muy mal. Y justo al girar era donde se concentraba el meollo de la fiesta, en el parque del Carbayedo

El mayor problema de Avilés fue aparcar el coche. Nuestro hotel, muy recomendable, por cierto, 4O Nudos, estaba en plena zona vieja y peatonal. Así que tuvimos que dejarlo bastante lejos e ir con las maletas hasta el mismo. Pero lo cierto es que al ser una localidad tan pequeña, no hace falta que vuelvas a recurrir al vehículo para nada. Básicamente callejeas un poco, tomas algo en la plaza de España y conoces el parque de Ferrera, un lugar muy agradable para pasear.


Y tras el conciertazo que vivimos como enanas, llegó el día de regresar y es aquí cuando os traigo las mejores recomendaciones, ya que salimos prontito para hacer alguna parada más rumbo a Galicia. La primera, el pueblo de Piedras Blancas (municipio de Castrillón), a solo 15 minutos en coche.

Yo había escuchado hablar de él pero no tenía claro lo que nos íbamos a encontrar y ¡qué sorpresa! Espectacular la playa de Salinas con el museo de las Anclas al aire libre, que más que por sus esculturas destaca por las impresionantes vistas. Es un paseo muy recomendable para niños y adultos. 


Muy pegadito también está el museo de la mina de Arnao, pero a nosotras no nos dio tiempo porque todavía queríamos hacer otra parada antes de entrar en Galicia. Cómo no, Cudillero. Conocer este curioso pueblo costero era una de mis ilusiones, no podía dejar escapar la oportunidad, y no me decepcionó. Supongo que muchos ya conocéis esta peculiar y famosa localidad costera que ahora vive tan vinculada al turismo, así que no me enrollaré mucho en vendéroslo. Solo decir que si vuestro presupuesto es mínimo (nosotras íbamos casi de mochileras), el sitio más barato que encontramos es La Goleta de Cudillero. Comida muy rica y típica asturiana (como los escalopines al cabrales de la foto), aunque el servicio fue un poco lento, pero es que estaban a tope. Si tenéis más presupuesto que nosotras, el pueblo está lleno de marisquerías, aprovechad. 


Y por último, ya en Galicia, había otro alto en el camino imprescindible: la playa de las Catedrales (Ribadeo). Conozco gente que no hace esta parada porque cree que supone un gran desvío rumbo a Galicia, ¡pero qué va! Está pegada a la autovía, solo tienes que coger la salida correspondiente (no sé si es la 513 o 516, en internet no se ponen de acuerdo), verla y volver a entrar. No hay perdida porque está muy bien señalizado. Supongo que ya sabéis que para bajar al arenal las visitas están restringidas y debéis reservar sitio a través de la página oficial de la Xunta, aquí, pero podéis disfrutar de ella desde las alturas, como hice yo. 


Así que en un solo viaje cumplí con varios deseos que tenía desde hace años. Ya tengo otros apuntados para la próxima escapada que no será esta Semana Santa porque me toca currar. ¿Alguien más? Si tenéis la suerte de librar, contadme a donde os vais. También me gustaría saber qué os gusta más de Asturias. 

Antes de despedirme también quiero recordaros que si sois uno de las decenas de coruñeses que aprovechareis estas fechas para conocer o volver a Londres (hay vuelo directo desde A Coruña a Heathrow), podéis leer todos los post que he escrito sobre la capital británica pinchando aquí.  Y si queréis más, decídmelo en comentarios, que no sois nada pedichones. Nada más, hasta dentro de 15 días, esperemos que con más aventuras. 

4 comentarios:

  1. Genial!!! Qué recuerdos. Repetimos ??

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  2. Me encanta, Caro. Yo he ido tres veces a Asturias y estoy enamorada de la comunidad. Si vuelves, te recomiendo un pueblo precioso llamado Nueva y otro un poco más grande llamado Llanes. ¡Una pasada! Tendré en cuenta tu post ya que, aunque en Semana Santa no podré salir, cuento con ir en junio a probar suerte en las temidas oposiciones y, ya que voy... Me daré seguramente una vuelta. ¡Hay que aprovechar!

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    1. Tengo pensado hacer otro viaje en coche por el Cantábrico muy pronto, así que tomo nota. Un saludo.

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