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martes, 17 de enero de 2017

Cuando la culpable del machismo es la víctima


Este no era el artículo previsto para esta semana. Pero una vez más interrumpo mis post de carácter informativo y de estilo blanco para dar mi opinión personal sobre una cuestión que sucedió esta semana. Una vez más me planto para denunciar un ataque a las mujeres. Y no, no me refiero al asesinato de una mujer a manos de su expareja en Almería ni al apuñalamiento de otra en Carballo, si no a la interpretación que hizo de un hecho similar a estos un periodista en un diario gallego. Destaco el hecho de que sea periodista porque muchas veces relacionamos este tipo de comportamientos con personas sin formación y/o con falta de recursos educativos, pero no es así. Las actitudes machistas se manifiestan en todas clases, ámbitos educativos y espacios de la sociedad y por ello también en todos los estamentos sociales se producen ataques de violencia contra la mujer. Algo que viene muy al caso del mencionado artículo. 


Manuel Molares do Val, y como él muchos otros, cree que las mujeres que sufren violencia machista se quedan con su maltratador porque no tienen  otra salida económica. Por ello no entienden que una mujer formada y con recursos económicos no sea capaz de salir de esta situación. Lo peor es que al no entender su comportamiento, en su texto la culpabiliza. Bien, quiero pensar que este pensamiento se debe a una falta de conocimientos del tema. Una mujer que es maltratada no es dueña de sí misma. Una mujer que soporta golpes físicos es porque mucho antes se inició un proceso lento en que se le va desprendiendo de su autoestima y de su vida en general: amigos, familia… e incluso de su propia personalidad, de tal forma que se crea una completa dependencia (y no, no sexual, como alude Morales) de su pareja.  

Por tanto, una víctima de la violencia de género no es “libre de irse” como me dijeron algunas personas en Twitter. Una mujer maltratada simplemente no es libre y en la mayoría de casos padecen decenas de secuelas y trastornos derivados de los abusos de su agresor que tardarán mucho tiempo en superar. 


Por eso, sea quien sea ella y tenga el trabajo y el nivel económico que tenga, una mujer maltratada nunca es culpable de su situación, siempre es la víctima. Insisto en que el maltrato a la mujer no es exclusivo de clases bajas, aunque puede que ahí sí sea más visible. Existen ejemplos en todas las esferas sociales porque, como dije, hay machismo en todas ellas. Hay jueces machistas, cocineros machistas, obreros machistas, taxistas machistas y sí, hay periodistas muy machistas. Lo peor es que ellos además pueden ser creadores de opinión y, por tanto, su actitud puede llegar a más gente y extenderse. 

De hecho, después de felicitar en Twitter a El Correo Gallego por su decisión de cortar la colaboración con el mencionado articulista (podéis consultar el comunicado aquí), uno de mis seguidores consideró tal acto una falta de libertad, ya que el redactor fue castigado por expresar sus ideas. Cuidado con este pensamiento. Muchas veces la defensa a ultranza de la libertad de expresión esconde en realidad actitudes no muy respetuosas con el prójimo y lo digo yo que soy periodista.

Si entendemos como libertad de expresión que se culpabilice a una mujer por soportar los golpes de un agresor, ¿por qué no hacemos lo mismo con una víctima de asalto que no se protegió ante su atracador? ¿Acaso no tiene parte de responsabilidad? O peor, retorzamos esta idea. Si la llevamos al extremo de la demagogia, ¿acaso los judíos en la Alemania nazi no tendrían parte de culpa de lo que les sucedió por no intentar defenderse? Esa es la filosofía del protagonista de la película The Believer (El creyente) y no era precisamente un angelito el chico.


Sí, sí, ya sé que una idea demagoga, lo he advertido antes de que llegaseis a leerlo. Pero trataba de hacernos ver lo ridículo que suena en otros ámbitos culpabilizar a la víctima. Porque soltar un “Manolete pa’ que te metes” es simplificar un problema que tiene muchas caras, muy difícil solución y en el que todos deberíamos estar unidos. Por desgracia aún no es así. 

Seguro que muchos estáis aburridos de que escriba sobre esta cuestión, pero aprovecho esta bitácora para recodar o resaltar ideas que muchas veces parecen asimiladas por todos, y es obvio que no es así. Eso sí, a los seguidores habituales de Llegando a puerto, os prometo que en la próxima entrega volveremos a la temática habitual y os descubriré algún rinconcito de A Coruña o, quien sabe, podemos hacer una escapada ¿Os apuntáis? Acepto ideas.

Al resto, a los que os ha gustado este post, podéis leer más artículos de opinión aquí y aquí. Y si os sentís muy generosos hasta compartirlo en vuestras redes sociales. Como siempre, gracias por estar ahí y hasta la próxima.  

2 comentarios:

  1. Me encanta tu artículo. Totalmente de acuerdo contigo y sigo sin entender que pueda haber gente que piense que la víctima es la culpable.

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    1. Gracias por comentar y por leerme. Es un gusto saber que muchos pensamos igual. Un saludo

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