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lunes, 11 de julio de 2016

Crendes, una aldea de mujeres valientes


Poneos en situación. Año 1963, plena dictadura franquista. No el período más complicado del franquismo, con la posguerra, pero lejos aún de los últimos años del régimen en que se había abierto la mano con la forma de vida de los ciudadanos. El lugar, una pequeña aldea gallega, muy pequeña, cerca de Betanzos. Y el sexo, mujer.

No es el inicio de mi primera novela, no, es el contexto en el que un grupo de mujeres se animaron, pese a todo, a jugar a fútbol. ¿Que por qué? La pregunta más bien podría ser: ¿Y por qué no? Pues simplemente porque les apetecía, porque eran las fiestas de la parroquia, Crendes, y querían jugar el clásico solteros contra casados, pero abriendo más la boca. Con la "A". Con la "A" de atrevidas, de alegres, seguro que en ese momento también era la "A" de amas de casa, pero quisieron convertirla en la "A" de adelantadas a su tiempo.


Así, con esa decisión, una veintena de chicas de Crendes se decidieron hace 53 años a correr detrás de un balón porque, según cuentan, eso era precisamente lo que hacían, correr detrás del balón. Pero es que la calidad no era lo que importaba, si no el hecho de lo que se estaban atreviendo a hacer, ponerse unos pantalones cortos, y ya fueran solteras o casadas, enseñar “cacho” (una de las cuestiones más polémicas) y  sobre todo espíritu delante de centenares de hombres y mujeres. Porque sí, el hecho llamó la atención del público.

Pues bien, como siempre dicen, la historia se repite, aunque esta vez de forma intencionada. Hace un par de semanas otro grupo de chicas decidieron homenajear a estas pioneras y, coincidiendo con las fiestas de Crendes, celebrar el aniversario de aquel primer partido con otro de solteras contra casadas. No es la misma época ni las mismas condiciones, pero no le resten valor. 

La mayoría de ellas, nunca se había puesto delante de un balón, pero no dudaron en calzarse unas botas y aprender lo básico para homenajear a las abuelas de la aldea de la manera más bonita posible. Y cuidado, que reunieron a unas 40 chicas entre ambos equipos. Algo que a mi entender hay que resaltar, porque frente a la despoblación del rural, en Crendes los jóvenes se quedan a vivir.


Y la cosa empezó a crecer. Dicen que las casadas empezaron antes a entrenar, unos tres meses antes del partido. Las solteras se asustaron y se pusieron a ello después. Por su parte, Orlando Iglesias, organizador y portavoz del evento empezó a llamar a algún que otro medio de comunicación y la noticia corrió como la pólvora. Radios, periódicos y hasta televisiones nacionales quisieron contar su historia. Así, el evento se profesionalizó. Equipaciones, una árbitra federada, un cámara de la televisión de Galicia grabándolo todo y mucho público, porque el partido tenía su aquel.

La tarde empezó pronto. En la aldea se respiraba ambiente de fiesta y las pancartas en defensa de uno y otro equipo aparecían colgadas de los árboles. La gente se apresuró a coger sitio y las gradas del campo de Crendes se quedaron pequeñas. El bochinche, según me han confirmado, hizo su particular agosto. 


Y empezó el homenaje. Salieron las jugadoras y se colocaron en hilera para hacer un paseíllo a sus predecesoras, esas que les abrieron camino y que después de aquel primer partido llegaron a crear un equipo de fútbol. Por ahí, como si de un paseo de la victoria se tratase, desfilaron aquellas pioneras. Algunas de ellas emocionadas otras entregadas al público, pero todas con la cabeza bien alta, orgullosas (puede que algunas por primera vez) de lo que habían hecho en su día. Un pequeño gesto que seguramente ni ellas valoraron como se debía, pero ahora los suyos, su pueblo y familia, se lo devolvía. Alguna se emocionó. Tenían entre las nuevas jugadoras a hijas y nietas y hubo fotos de tres generaciones antes del encuentro.

Lástima del sonido, ya que entre el público fallaron los altavoces para poder oír lo que nos dijeron estas heroínas y el presidente de la Sociedad de Crendes, José María Carro, también orgulloso de “las chicas”.


Vale, hay que admitirlo, el partido no fue una final de la Champions, pero no por ello el público decayó. Hasta se podía oír el bombo y una vuvuzela. Como buena pachanga algún pique hubo en el campo durante el juego y algún que otro golpe fruto de la inexperiencia, también. Pero ahí estaban los hijos de las mamás para saltar al campo y dar mimos a las que esa tarde eran su ejemplo.


¿El resultado? Un 3-1 a favor de las solteras, que lo celebraron como si ascendieran de categoría. De noche, en la verbena, tocó la entrega de las copas (seguro que en varios sentidos) para ambos equipos porque con esta cita todas ganaron. La aldea se situó en el mapa, los vecinos pasaron unas semanas más que animados y las mujeres, de nuevo, reclamaron su sitio en la sociedad. 


Porque ya lo dice el refrán: cara Crendes, que hai boas mozas (en todos los sentidos).

Como siempre, gracias a los que estáis ahí leyéndome. Os animo a que participéis en el blog contándome vuestras opiniones e ideas. Nos vemos la semana que viene y en las redes sociales.

4 comentarios:

  1. ¡Caro! Muchísimas GRACIAS por esta entrada. Creo que no lo podrías haber contado mejor. Me consta que varias vecinas se han sentido emocionadas al leer tus palabras (me incluyo). Siempre serás bienvenida en nuestra humilde morada! hi hi.

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    1. Muchísimas gracias por tus palabras, Laura. Me alegro de que a las protagonistas les haya gustado y bienvenidas también a vosotras a mi blog. Como siempre, gracias por comentar.

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  2. Muy buen artículo!

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    1. Muchísimas gracias, Yago, y sobre todo gracias por tomarte la molestia de comentar. Espero verte por aquí. Un saludo

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